Liberación de Chile
Los realistas pudieron evacuar sus fuerzas hacia el sur de Chile. Allí recibieron refuerzos del Perú y se ganaron el apoyo de los indios araucanos. La noche del 19 de marzo de 1817 sorprendieron al Ejército de los Andes y destruyeron gran parte de la organización militar patriota. San Martín fue derrotado.
Fuente: Ministerio de Educación de la Nación. Luego de la liberación de Chile le siguió la del Perú, principal bastión realista. Finalmente y tras la entrevista en Guayaquil con Simón Bolivar, la libertad de América del Sur se acercaba a una definitiva realidad. | ||||||||
Este es un espacio relacionado con la Historia, creado con el fin de proporcionar material util para mis alumnos como asi tambien para divulgar actividades y trabajos escolares que ellos desarrollen, buscando como objetivo ser un ida y vuelta permanente en el análisis, debate e investigación de esta materia. También se propone presentar artículos históricos, comentarios sobre libros, informaciones útiles, registros fotográficos, actualidad y opinión.
sábado, 17 de agosto de 2013
En recuerdo de San Martin
viernes, 16 de agosto de 2013
jueves, 1 de agosto de 2013
Centros de estudiantes: cada vez son más los alumnos que participan
POR LUCIANA AGHAZARIAN
Una ley impulsada por el Gobierno promueve su creación en todas las escuelas. Coincide con la implementación del voto a los 16. La opinión de alumnos y especialistas.
Hace unos días el Senado aprobó la ley quefomenta la creación de centros de estudiantes en las escuelas de todo el país. Impulsada por el kirchnerismo pero aprobada con apoyo de opositores, la norma coincide con las primeras elecciones en las que los jóvenes de 16 y 17 años podrán ejercer el voto. Ante este panorama, los especialistas advierten que en la escuela existen distintas formas de participar: el centro no es la única.
En las escuelas hay de todo: está el que milita en un partido político, el que pertenece al centro de estudiantes pero no milita, el que participa de vez en cuando, el que no le interesa el centro pero forma parte de la radio del colegio. “Esta heterogeneidad habla de la complejidad de un escenario escolar atravesado por las tensiones entre estructuras institucionales residuales, ligadas a la política como peligrosa y como parte de la vida adulta, y reactualizaciones de las mismas que tienen que ver con unarevalorización de la política ”, analiza Iara Enrique, antropóloga y becaria de Conicet.
Para Pedro Núñez, investigador de Conicet y FLACSO, “el tema es cómo se transmiten losconflictos en cada escuela”. Si bien el espacio histórico para canalizar los reclamos es el centro de estudiantes, Núñez, autor de varias investigaciones sobre el tema, aclara: “Está bueno que haya centros, pero no es la única manera de participar. Es la instancia que los adultos consideran legítima porque es la manera en la que participaron ellos, pero hoy ya no es así”.
Difundir una actividad por los cursos, asistir a un torneo solidario, debatir sobre qué música pasar en el recreo: todo eso es participar. “Hay quienes harán de la participación un eje de su vida cotidiana y hay quienes de vez en cuando pegarán un afiche o irán a una marcha, pero lo importante es que haya una agrupación. Al agruparse los pibes pueden tener voz y algunas autoridades los escuchan más”, opina Mariana Chaves, antropóloga del Conicet especialista en participación juvenil.
“Mucha gente piensa que hacemos las reuniones para perder tiempo, para no estudiar, y es todo lo contrario.
Nosotros lo que menos queremos es perder clases. Al principio todos en el colegio pensaban eso y después la mayoría se dio cuenta de nuestros objetivos reales”, expresa Tomás Colombres, presidente del centro de estudiantes de la Escuela Agustín Tosco, de Villa Pueyrredón. Tomás destaca: “Hay chicos que no se animan a hablar con directivos o preceptores, entonces encontraron en el centro de estudiantes un intermediario ”.
Iván Del Vecchio, delegado del centro de estudiantes de la Escuela Técnica Brigadier C. Saavedra, de Parque Avellaneda, da su perspectiva: “Veo en el centro un lugar para crecer, para lograr objetivos, para tener una ideología, saber manejarte en un trabajo. Por ejemplo, propusimos un movimiento de mujeres para que se organicen contra la discriminación que puede haber en la escuela técnica por ser minoría´; eso en un futuro les puede pasar en un trabajo”.
La tensión entre los centros de estudiantes y quienes le “temen” a la política se hace visible en la vida cotidiana escolar. “Mucha gente a la que la política no le agrada piensa que el centro es solo política, pero no.
Nuestro fin es ayudar a la escuela, a los estudiantes y a los de afuera. No apuntamos a lo partidario”, asegura Tomás.
El hecho de que los centros estén ligados históricamente a los partidos políticos –aunque ahora no sea siempre así– muchas veces determina la adhesión o rechazo de los estudiantes.“No milito porque todavía no encontré mi posición política”, asume Emanuel Juliá, alumno del Colegio Nacional de Buenos Aires. Desde otro punto de vista, su compañero Juan Manuel Cuello dice: “Esto de que vamos a votar a los 16 exige más que nunca que el colegio se organice y se politice más, para tener un voto a conciencia de quién va a defender los intereses de los estudiantes”.
Iara Enrique explica: “La categoría de interés o desinterés por la política es bastante polémica. Hay jóvenes que son críticos de los centros y no necesariamente son apáticos o consumistas sino que tienen otros espacios de participación. Hay que romper con la dicotomía entre los que participan y los que no ”. Julieta Fernández, alumna del Agustín Tosco, ejemplifica: “Por cuestión de tiempos no integro el centro de estudiantes, pero me encanta informarme de lo que pasa, debatir, y siempre que hay alguna actividad piola trato de ir”. Juan Manuel Cuello completa: “Más allá de lo político, el centro es una herramienta social, cultural, que tienen los estudiantes: se pueden organizar torneos de fútbol, cine debate, charlas, que pueden colaborar en nuestra formación”.
fuente: Clarin.com
miércoles, 17 de julio de 2013
Combates por la historia
Por Sergio Wischñevsky *
El affaire de los
historiadores se desencadenó a partir del decreto que la presidenta Cristina
Fernández de Kirchner promulgó el 17 de noviembre, mediante el cual creó el
Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego con el objetivo de
preservar y difundir esta particular visión de la historia. La conducción del
mismo recayó en Pacho O’Donnell y se nombraron 33 miembros de número que
trabajaran ad honorem. No es la primera vez que el Estado nacional avala la
creación de un instituto histórico, los hay de diverso color y pelaje, pero sí
es inédita la reacción que provocó entre algunos popes de los llamados
historiadores profesionales.
Un petitorio que hicieron circular advirtió: “El Poder Ejecutivo
de turno tiene el derecho de presentar su propia visión del pasado del país,
pero crear una institución estatal cuyo objeto es imponer una forma perimida de
hacer historia y una visión maniquea de ese pasado constituye un hecho grave
que, sin duda, conspira contra el desarrollo científico y la circulación de
diversas perspectivas historiográficas, a la vez que avanza hacia la imposición
del pensamiento único, una verdadera historia oficial”. Luis Alberto Romero,
por su parte, azuzó el sentimiento apocalíptico y lanzó la frase: “Por ahora
son sólo palabras pero en cualquier momento se transforman en hechos”. Beatriz
Sarlo, no se la iba a perder, habló de “peligro” y con un desdén muy poco
republicano calificó al revisionismo de “una especie de fósil que vive en el
paraíso de los best-sellers”. Tal vez sin advertir que la popularidad de los
libros revisionistas, más allá de su calidad, desmiente que sean fósiles y en
todo caso señalan claramente que los ámbitos académicos están muy lejos de dar
cabida a todas las corrientes historiográficas. Susana Giménez diría
¿dinosaurios vivos?
Resulta llamativa la reacción entre otras cosas porque el Estado
que se fustiga como tendiente al pensamiento único es el mismo que ha aumentado
significativamente el presupuesto del Conicet y su cantidad de becarios
dedicados a la historia, el Canal Encuentro, también dependiente del Estado
nacional tiene a los historiadores provenientes del mundo académico como
invitados o protagonistas permanentes en sus documentales y programas; y hasta
en las netbooks que llegaron a millones de chicos en toda la Argentina los contenidos
de historia que se aplican citan privilegiadamente a historiadores como
Halperin Donghi y al propio Romero entre otros.
La supuesta cientificidad que se autoasigna el discurso
historiográfico que se abrió paso desde 1984 y hoy es hegemónico, aunque no
exclusivo, en las universidades nacionales y en el Conicet, es una vieja
coartada para ocultar posturas políticas y juegos de poder interno. Es
esconderse detrás de la ciencia para negarle derecho a la existencia a
discursos opuestos. La abrumadora mayoría de los textos escolares que se
producen para el ámbito educativo abrevan en historiadores de esta procedencia.
Pero el paradigma cientificista reniega del debate y, cuando ataca, acude a la
descalificación. Si el especialista habla, los profanos escuchan.
Pacho y los 33 tienen derecho a tener un instituto. Las críticas
más justas que se les puede hacer son, sin duda: la falta de actualización, la
simplificación de los hechos en pos de relatos en los que los protagonistas
aparecen homogéneos y sin claroscuros; la insistencia en un nacionalismo
esencialista, que el historiador Norberto Galasso ha llamado de derecha en
algunos casos; una escasa estima por el ajuste teórico de los supuestos en los
que se basan. En muchos de sus escritos se ignora la investigación
historiográfica de los últimos 30 años. Pero no todos los que integran el
Instituto piensan igual ni germinan de las mismas fuentes. Sin embargo, es
justo reconocer que desde estas lides se ha producido el aporte más
significativo para que la historia deje de ser un coto para iniciados,
manejaron exitosamente la divulgación histórica y abrieron el camino para que
desde los medios de comunicación la demanda de historiadores abarque también a
los historiadores académicos. En lugar de pretender borrarlos de la faz de la Tierra , como ya se hizo en
las universidades, o confinarlos al sitial de la ficción operística, se debería
celebrar que pretendan impulsar la investigación y hasta sería una muestra de
civilidad democrática intentar generar puentes e intercambios.
Por más paradójico que parezca, se está más cerca del pensamiento
único en nuestro universo académico, que en el resto de la sociedad argentina
hoy más polemista que nunca. Desde hace varios años se ha venido fomentando la
necesidad de bajar a los próceres de los pedestales. Ahora hay que hacer lo
mismo con los historiadores. Al fin de cuentas, más allá de los popes, muchos
se negaron a firmar el petitorio. Si pudiéramos escuchar las razones y
argumentos de cada uno, sin tanta estridencia chillona, será para alquilar
balcones si empieza un buen debate.
* Historiador UBA.
Fuente: Pagina12
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