sábado, 15 de septiembre de 2012

Mural por la memoria en Villa Pueyrredón


Hoy 14 de septiembre de 2012 es un día para recordar... porque los docentes de la Escuela N° 3 D. E. 18 de Montecastro, finalmente fueron restituidos a sus cargos, y porque en la Plaza Carlos Gianantonio del barrio de Villa Pueyrredón, se inauguró un mural colectivo, un rompecabezas. Este trabajo fue realizado por alumnos de distintas escuelas primarias del Distrito 16, en homenaje a los docentes víctimas del Terrorismo de Estado. La conducción del acto estuvo a cargo de la Supervisora de Primaria del Distrito Escolar 16 Mónica Lamas. El Proyecto que derivó en la realización del mural, fue iniciado por la docente Marianela Arias, quien explicó la finalidad del mural: la expresión colectiva de la reconstrucción del pasado a partir de imágenes recortadas. La docente leyó una emotivo discurso destacando que siempre la política tuvo que ver con la educación Mencionó a aquellos que dejaron su vida por un mundo mejor, entre otros nuestro querido Agustín Tosco. 

Niñas y niños de distintas escuelas entonaron canciones para no olvidar. 
Participaron del acto Pablo, hijo de María del Carmen de Blasi y Marta, esposa de Américo Jorge Marchetti, docentes detenidos desaparecidos. A lo largo del acto los docentes intervinientes coincidieron en destacar que la educación es un acto político. Pablo reinvindicó el trabajo de los docentes de hoy en defensa de la escuela pública, la memoria, el trabajo en conjunto y ser solidario. Marta, esposa de Américo escribió unas líneas para la ocasión comenzando con una frase de Eduardo Galeano "Para los navegantes con ganas de viento la memoria es un punto de partida... y un camino que recorrer. (...) Américo defendió a través de su militancia sindical la libertad de los docentes, la necesidad de agremiarse, un lugar para sostener como maestro, una postura ideológica. Todavía en pleno siglo XXI algunos insisten en que la educación debe ser aséptica, que hay que prohibir las diferentes maneras de pensar, o que los docentes son títeres del poder de turno. A Américo lo secuestraron por pensar exactamente lo contrario, porque siempre dijo que la vida es una búsqueda. Y que se busca desde un lugar, cualquiera que este sea, y se elige un camino, cualquiera que este sea. Muchos docentes hoy piensan igual, docentes que defienden su lugar de trabajo y un lugar en el mundo, para ellos y sus alumnos... Yo le diría a Américo no diste la vida en vano. Yo agregaría a la frase de Galeano La memoria es un punto de partida y un camino que recorrer." 
Cuando terminó el acto le conté a Marta la historia del nombre de la plaza. Antes Tte. Gral. Lonardi, ahora "Nunca Más" y "Carlos María Gianantonio". Le mostré el monolito con los desaparecidos del barrio, donde figura el nombre de Américo, le conté del trabajo que habíamos realizado en la Escuela con Memoria Joven. Nos abrazamos. Recordé otros abrazos y emociones, hace muy poco, el 21 de julio, cuando concurrimos con Graciela Ortega a la colocación de una baldosa en el lugar donde fue secuestrado Carlos Amador Fernández, en Beiró y Segurola. Recordé la emoción de su hermana Lidia y de sus sobrinos.
Marta tiene razón "la memoria es un punto de partida y un camino que recorrer"
                                            

                                    Prof. Patricia Gonzalez Tizón (Docente y compañera de la E.E.M. Agustín Tosco)

martes, 11 de septiembre de 2012

La muerte de Allende


La trampa por valija diplomática, llegan los verdes billetes que financian huelgas y sabotajes y cataratas de mentiras. 
Los empresarios paralizan a Chile y le niegan alimentos.
No hay más mercado que el mercado negro.
Largas colas hace la gente en busca de un paquete de cigarrillos o un kilo de azúcar; conseguir carne o aceite requiere un milagro de la Virgen María Santísima.
La Democracia Cristiana y el diario "El Mercurio" dicen pestes del gobierno y exigen a gritos el cuartelazo redentor, que ya es hora de acabar con esta tiranía roja; les hacen eco otros diarios y revistas y radios y canales de televisión.
Al gobierno le cuesta moverse; jueces y parlamentarios le ponen palos en las ruedas, mientras conspiran en los cuarteles los jefes militares que Allende cree leales.
En estos tiempos difíciles, los trabajadores están descubriendo los secretos de la economía.
Están aprendiendo que no es imposible producir sin patrones, ni abastecerse sin mercaderes.
Pero la multitud obrera marcha sin armas, vacías las manos, por este camino de su libertad.
Desde el horizonte vienen unos cuantos buques de guerra de los Estados Unidos, y se exhiben ante las costas chilenas.
Y el golpe militar, tan anunciado, ocurre.
A Allende le gusta la buena vida.
Varias veces ha dicho que no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir.
Pero también ha dicho que vale la pena morir por todo 

aquello sin lo cual no vale la pena vivir.
Los generales alzados le exigen la renuncia.
Le ofrecen un avión para que se vaya de Chile.
Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire.
Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias.
Los militares se han apoderado de todo el país.
Allende se pone un casco y prepara su fusil.
Resuena el estruendo de las primeras bombas.
El presidente habla por radio, por última vez: - Yo no voy a renunciar...
Una gran nube negra se eleva desde el palacio en llamas.
El presidente Allende muere en su sitio.
Los militares matan de a miles por todo Chile.
El Registro Civil no anota las defunciones, porque no caben en los libros, pero el general Tomás Opazo Santander afirma que las víctimas no suman más que el 0,01 por 100 de la población, lo que no es un alto costo social, y el director de la CIA, William Colby, explica en Washington que gracias a los fusilamientos Chile está evitando una guerra civil.
La señora Pinochet declara que el llanto de las madres redimirá al país.
Ocupa el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados en la Escuela de las Américas en Panamá.
Los encabeza el general Augusto Pinochet, profesor de Geopolítica.
Suena música marcial sobre un fondo de explosiones y metralla: las radios emiten bandos y proclamas que prometen más sangre, mientras el precio del cobre se multiplica por tres, súbitamente, en el mercado mundial.
El poeta Pablo Neruda, moribundo, pide noticias del terror.
De a ratos consigue dormir y dormido delira.
La vigilia y el sueño son una única pesadilla.
Desde que escuchó por radio las palabras de Salvador Allende, su digno adiós, el poeta ha entrado en agonía.

- Extraído del libro "Memorias del Fuego parte III" de Eduardo Galeano.
11 de septiembre de 1973 - Santiago de Chile

jueves, 6 de septiembre de 2012

Exposición sobre el Franquismo



Dentro de la actividad desarrollada por los grupos de 4º Sociales,  el ultimo en exponer fue el integrado por Santiago, Juan Segundo, Nicolas, Melanie y Sofia, donde en la foto se los ve explicando el significado de la obra "Guernica" de Picasso.


Ley Saenz Peña

Lucia, Victoria, Bernardita y Luna de 4º Sociales presentaron el tema de la Ley Saenz Peña a partir de un mural artístico (en afiche), en él se representó lo que sucedía antes de la Ley en nuestro país y como luego de 1912 todo cambio. 





Revolución Mexicana

El grupo integrado por Oriana, Sol, Delfina, Agostina y Melanie presentaron el tema de la Revolución Mexicana a partir de un diario en tamaño afiche con los acontecimientos mas importantes.





También presentaron una entrevista con una historiadora y algunos objetos traídos de México 

viernes, 31 de agosto de 2012

El joven Faraón (Cuento Egipcio)



Había una vez un faraón, que se casó con una mujer y tuvieron un hijo llamado “valiente guerrero”.
Un día vino una familia rica que quería el trono del faraón, entonces mataron al faraón y nadie se enteró quien lo había hecho. Todos enojados buscaban a los culpables, pero la familia rica se fue muy lejos y nunca los pudieron encontrar.
Un día en el  pueblo tuvieron que elegir  faraón, o sea el hijo del faraón muerto (valiente guerrero) .
Una vez ya cumplido los 18 años él decidió que construyeran su tumba “La pirámide” y que colocaran túneles secretos con trampas para que los ladrones no puedan pasar.  Entonces sus esclavos lo empezaron a construir lentamente.
 Pasaron años y años y el faraón se estaba poniendo muy viejo.
La gente empezó a hacer sacrificios para él para que se mejorara y desde ese momento a esas personas muertas las llamaban “MOMIAS”. Ellos creían en la vida después de la muerte, fue uno de los rasgos más importantes de la cultura egipcia. La muerte no se considerada un fin, sino un pasaje a la vida eterna.
La vida en el más allá era concebida como una réplica de la terrena (aunque en un ámbito diferente), y para afrontarla era primordial que el cuerpo se mantuviera en buenas condiciones.
En las tumbas depositaban la momia en un sarcófago y este, a su vez, en una tumba. Junto a él se colocaba los bienes personales, como joyas y alimentos, que acompañaría al muerto en su viaje a la otra vida.
En un principio, el único que accedía a la vida eterna era el faraón. Luego, esta concepción fue extendida a los nobles y posteriormente a los difuntos de cualquier condición social. También momificaban a los gatos (por la diosa gata), perros y serpientes.
Los egipcios también creían que, al fallecer una persona, su alma pasaba por un juicio frente a un tribunal presidido por Osiris. Describieron detalladamente la escena del juicio en el llamado Libro de los muertos, que era un código de reglas que guiaba al difunto en ese trance. En el centro de la sala del tribunal se encontraba la balanza de la justicia; en uno de sus platillos se colocaba el corazón del difunto y en el otro, una paloma, símbolo de Maat (señora de la justicia). Osiris estaba sentado en su trono, con Isis y Neftis a su lado, y muchos asesores. Thot anotaba los resultados del juicio. Anubis se situaba junto a la balanza para llevar al cabo la que negaba haber realizado malas acciones. Si sus dichos eran veraces, el corazón, que nunca mentía, permanecía en equilibrio con la pluma de la justicia; si no, se cargaba con el peso de los pecados del difunto y la balanza se desequilibraba. Entonces un animal monstruoso con cabeza de cocodrilo y cuerpo de hipopótamo se lanzaba sobre él para devorar se cadáver. Si no había mentido en la confesión, Osiris abría al difunto la entrada de la vida eterna.
Tantos años que pasaron que el faraón murió y todos los aldeanos lo levantaron y lo enterraron en la pirámide ya terminada y le enterraron sus cosas más valiosas .
Cuando el faraón iba camino a su juicio ante Osiris, vio a un hombre y una mujer viejos, que caminaban ante él. Temblaban de miedo cuando colocaron sus corazones en la balanza. De pronto apareció el animal monstruoso con cabeza de cocodrilo y cuerpo de hipopótamo y los devoró, tal como decía el Libro de los Muertos.
El faraón se acercó preocupado, cuando fue su turno y preguntó a Osiris que era lo que habían hecho esas personas que fuera tan terrible como para que se los coma el monstruo.
Osiris le contestó: - Gran faraón esas horribles personas fueron las que mataron a tu padre. No les sirvió en vida su crimen porque tuvieron que vivir huyendo y ahora tuvieron que enfrentar al terrible monstruo. En cambio tu puedes pasar a la otra vida. Adelante, te vas a encontrar con algunas personas que te extrañaban mucho, le dijo.– ¡Mucha surte en tu nueva vida!-.
El Faraón estaba  muy feliz de volver a ver a su padre y a su madre.
FIN

Denise (1º B Inst. Holters)

La Piedra (Cuento Egipcio)



Alrededor del año 2980 a.c. los egipcios se preocupaban principalmente en la construcción de pirámides. Un día dos niños, cuyos padres trabajaban para el faraón y construían la gran pirámide de Keops, se pusieron a jugar entre las piedras a un juego parecido al actualmente conocido como las escondidas. Unas horas después los niños, cuyos nombres eran Calimbo y Jamcocs, encontraron una piedra un poco extraña. Ésta era puntiaguda de un color parecido al rojo. Los chicos egipcios guardaron esta piedra y  decidieron llevársela a sus padres. Como la pirámide de Keops, donde los papás de los niños trabajaban, estaba del otro lado del Nilo y era verano, no sabían cómo cruzarlo, ya que en esa época el Nilo estaba inundado. Entonces decidieron hacer una balsa para cruzar. Buscaron ramas, juncos y madera hasta que la terminaron. La cubrieron con barro para que no entre agua y que no se hunda. Cuando se secó y quedó dura empezaron a cruzar el río. Ya que no tenían remos se impulsaban con las manos. Eso les causó un gran retraso. Cuando llegaron a la orilla se refrescaron un poco y empezaron su viaje a pie. Guardaron agua en unas vasijas que traían con ellos, porque les aguardaba un largo camino de 5 millas a pie. Fueron a una aldea y pidieron si les prestaban una pequeña mula para llevar sus vasijas, se la pidieron a un comerciante amigo de sus padres. Luego de hacer 100 metros perdieron de vista la aldea. Recorrieron otros cien metros más y empezaron a sentir sed, mucha sed y calor. Tomaron agua de la que habían recogido del Nilo y le dieron a la mula también. De repente Calimbo, que llevaba la piedra, sintió que ésta vibraba. La sacó de su bolsillo y la vio un poco más grande. No se preocupó y siguió su camino sin decirle nada a Jamcocs. Luego de hacer la primera milla se acostaron a dormir y cubrieron sus cuerpos con una manta que traía la mula encima, ya que las noches en el desierto son muy frías.
                Al otro día, cuando se despertaron, vieron la piedra. Estaba enorme, más alta que los dos niños juntos. En ella había toda clase de bichos, escarabajos, escorpiones, etc. De repente vieron algo peor, una tormenta terrible de arena se acercaba. Creyeron que iban a morir, pero para su sorpresa cuando la tormenta los alcanzó, ellos se escondieron detrás de la piedra y ésta, sorprendentemente, funcionaba como una especie de campo de fuerza. Los niños veían pasar a su lado la tormenta, que arrastraba serpientes, toda clase de bichos, cactus, etc. Cuando la tormenta pasó los chicos salieron de su escondite y vieron que del otro lado de la piedra había pegadas serpientes, escorpiones, escarabajos y para su desgracia la mula. Cuando la observaron más detenidamente vieron que se parecía a una de las pinturas rupestres que había dentro de las pirámides. Luego de unas horas decidieron seguir su recorrido dejando atrás la piedra.
                Después de dos días llegaron a la pirámide de Keops, que todavía estaba en construcción. Vieron a sus padres descansando porque el faraón les dejó hacer un receso. Se saludaron, ya que no se veían desde hace un mes. Los padres de los niños les dijeron que volverían en tres meses a su hogar. Los chicos les contaron su recorrido por el desierto, los padres los retaron pero luego de tranquilizarse, fueron y le contaron al faraón sobre la piedra. El faraón mandó a 10 de sus hombres a traerla. La pusieron como monumento en medio de la pirámide. Los niños recibieron su recompensa, que fue de 10 monedas de oro. La familia de los chicos usó la recompensa para pagar una nueva casa de cerámica y vendieron su choza hecha de juncos.
                Se cree que hoy en día la piedra está en un museo de Egipto, escondida. Lo que encontraron los arqueólogos fueron los cuerpos de esta familia, junto con rastros de su casa de cerámica. También se encontró la balsa en el fondo del Nilo.

Thomas (1º C Inst. Holters)